Recordando a mí abuela

Ultimamente me hallo a mi misma muchas veces pensando en mi abuela. Ella se murió hace años, pero yo pasé una gran parte de mi niñez con ella. Como la cocina de muchas abuelas del mundo, la de mi abuela siempre olía a cosas recién hechos. Los galeses cocinan mucho con el horno y por ello, la cocina de mi abuela siempre fue acogedora y rica con la aroma de las tartas, o el aire espeso del vapor de algunas verduras hirviendo en los hornillos.

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No era una casualidad que para entrar en la casa de mi abuela tuvieras que entrar por la puerta de atrás, que daba directamente a la cocina. La puerta principal se utilizaba solamente por los huéspedes o el cartero. Muchas veces, cuando pienso en ella, la recuerdo enmarcada en la ventana grande de la cocina, donde yo la veía desde el jardín, ocupada con alguna tarea que el alféizar no me permitía ver hasta que me miraba, dejando lo que estaba haciendo y limpiándose sus manos con su delantal, y me saludaba pensando en que me iba a dar.

Es normal recordar tanto a una persona tan importante ¿verdad? Pues… sí, pero lo cierto es que no pienso tanto en los recuerdos bonitos como en los detalles que no le ví hacer. Hay muchas cosas que no puedo recordar muy bien, por haber sido una niña más interesada en los libros y los animales que en el mundo de la cocina de mi abuelita. La ironía de este bonito recuerdo es, que ahora me gustaría saber como solía hacer las cosas. Al igual que mucha gente de mi edad, miro videos de youtube de otras personas que comparten sus trucos de cocina. Esta es una ventaja de las redes sociales, pero como todo el mundo tiene la propia cultura de su raíces, también quiero preservar y explorar la mía.

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La belleza de vivir fuera de tu país puede ser muy grande. Diría que no he pensado tanto en mi propia cultura galesa hasta que la he visto desde la distancia, en Andalucía. Muchas veces el hallarse en Andalucía es como viajar en el tiempo, no lo digo de una manera mala, puesto que aquí he encontrado muchas cosas que ya hemos perdido en Reino Unido. La posibilidad de comprar en las tiendas del barrio, de poder ir al mercado, de tener tiempo para hablar y de poder comprar conscientemente y de temporada. Cuando estoy aquí en la frutería, y pregunto ‘¿que fruta esta buena ahora?’, siento que tengo siete años y estoy con mi abuela escuchándola preguntar lo mismo.

Nunca pensé en mi abuela como una revolucionaria, pero hoy en día, sus hábitos como comprar en el comercio local, nunca malgastar la comida, utilizarlo todo, reparar sus cosas, reutilizarlo todo y tener la puerta abierta con generosidad a los demás, es muy parecido a los nuevos movimientos en contra de la cultura popular y lo desechable.

¿Por qué entonces no presté la debida atención a los detalles de mi abuela en aquel momento? Porque para mí, como una niña de los ochentas y de los noventas, mi abuela era una esclava, un reliquia, una pobre mujer que estaba atrapada en su cocina y en su vida por haber tenido el papel de ser una buena mujer de otra época. Además, yo tengo que reconocer, que aunque quiero saber los trucos de ese estilo de cocina, pido esa información desde una posición de libertad, de ser una mujer que elige por su propia voluntad.

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O sea, mi abuela tenia mucho conocimiento de como vivir bien y con mucho menos impacto en el medio ambiente, de comprar y comer de temporada, de hacer todo desde cero, de apreciar los detalles simples de la vida, pero no tenia la libertad de elegir como se vivir.

Nosotros por el contrario, y desde el punto de vista de la cultura británica, tenemos la libertad y la elección de como vivir. Pore so ahora algunos queremos volver a la cocina de la abuela, no con la obligación ni el sometimiento de antes, pero sí con las ganas de estar en conexión con nuestra comida y con nuestros rituales de la candela, el jardín, el huerto, el bosque o la casa. Y así, desde este rincón voy a vivir lentamente, conscientemente, y con compasión, uniéndome a esta llamada de armas pacifica; como la de la comida casera, la de las cosas hechas a mano, la del reciclaje y la de la economía compartida; una llamada de libertad fuera de las exigencias del capitalismo; la llamada de la comunidad, de la solidaridad, de la caridad y de la generosidad. Extiendo mi mano hacia el pasado para coger la mano de mi abuela, al igual que ella cogió la de la suya, y también extiendo mi otra mano hacia un bonito futuro, y hacia quien quiera cogerla.

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